Día 225: Laponia, vivir un sueño.

No sé cómo empezó todo. Recuerdo  que hace un par de años, por navidad, vi en televisión un programa sobre Laponia. Quedé fascinada, maravillada. Pero lo veía como algo lejano, como un sueño, como un imposible. Luego, hace un año, me dieron mi plaza para estudiar en Dinamarca. Por aquel entonces prometí a mi hermano que en su visita iríamos a esquiar. Poco a poco todo empezó a cuadrar. Yo soñaba con ir a Laponia, y mi hermano quería esquiar. Entonces mi ama y yo empezamos a mirar la posibilidad de ir a Laponia en semana santa con mi hermano, y sin darnos cuenta ya estábamos comparando billetes y contratando excursiones.


Llegamos un lunes al mediodía, y tras acomodarnos, nos pusimos a descubrir la ciudad. Pronto nos alejamos de la zona edificada y nos aventuramos entre los bosques. Luego vino la excursión de huskies: primero montando en el trineo y después visitando la granja. ¡Son tan bonitos, y están tan bien cuidados y felices! También disfrutamos de una tarde de spa. De las motos de nieve. Y sí, yo, con mi miedo a la velocidad, conduje una de esas motos yo sola y me atreví a darle bastante caña (aunque cueste creerlo). ¡Lo más emocionante fue conducir por encima de un rio helado! Tuvimos también nuestro día de esquí, del que disfrutó más mi hermano que yo, que aparte de hacerse todas las pistas, se atrevió a probar hasta los saltos más arriesgados. Y el último día, antes de despedirnos de un sueño, cruzamos el círculo polar ártico para conocer a Santa Klaus. 


Explicar en palabras este viaje, es difícil, las fotos tampoco son suficiente. Esto es algo que hay que vivir. Me sentí afortunada entonces, y me siento afortunada ahora. Gracias aita y ama por este regalo.








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